Conejo eco y con eco
Pere Carrió es un fanático de la
cocina: a los 18 años se regaló un Roner; a los 25, una Pacojet; con 28 ha
conseguido un Josper de segunda mano. Eso es amor sincero por el oficio de chef,
y por los aparatejos.
Otros se conforman con coleccionar cartas de restaurantes
o en mangar cubiertos. La Pacojet y el Roner lo han acompañado en su
circunvalación profesional, que inició en Gat Blau cuando aún era estudiante de
hostelería hace una década para regresar al mismo maullido.
Cuando aparece en
una cocina, carga con una maleta con los trastos.
En el viaje por el Empordà,
Rubí y de vuelta a la calle Consell de Cent adquirió reflexión y sospecha por
el kilometraje, así desde hace el 2010 Gat Blau es ecológico y adscrito al Km
0. ¡Mau!
Escucho a muchos chefs del club que se declaran
comprometidos pero sin talibanear o roucovarelar. Pere también aduce a esa flexibilidad:
“No compro algo porque sea eco, no es una cuestión de sello. En el caso de los
animales lo tengo claro, la certificación me da confianza. Y en cuanto a los
transgénicos, ni hablar”.
Se ocupa de transmitir ese pensamiento a los clientes
con hojas volanderas que promocionan el consumo de un plato vegetariano (reduïm
la petjada) y la procedencia de la despensa: cerdo de la Vall d’en Bas, ternera
de L’Espunyola, potro de la Vall Fosca, verduras del Vallès y de El Prat,
pescado de la Barceloneta.
Este Gat Blau, que fundó la
amabilísima Jo Mestres, asociada con Pere, tiene dos vidas: la alborotada de
mediodía, con un MMB, uno de los Mejores Menús de Barcelona, a 11,20 euros, y
la sosegada de las noches (de momento, jueves y viernes) con menús de 21 y 28
euros.
En ambos casos, el gato es azul por los pocos billetes que cuesta darle
un mordisco. Bueno, y puede que por Roberto Carlos.
Hay disociación entre la
decoración sin decorador, “triste y azul”, y lo que sale de esa cocina, alegre
y verdoso. En coherencia, una oferta de vinos ecológicos que merece ampliación.
Copeteo con el Mas Petit de Parés
Baltà, tinto menor.
Agua gratuita, en botellas ¡azules!, servicio que se agradece y que habla de generosidad y activismo.
Agua gratuita, en botellas ¡azules!, servicio que se agradece y que habla de generosidad y activismo.
El comienzo es certero con la coca
con habitas y cansalada, bocado de
intenso sabor (la base es demasiado dura).
Lo siguiente es radical –lo elige Jo
por mí–, los puerros confitados con coles de Bruselas y aceite de cebollino. No
soy vegetariano, todo sea por reducir la huella, la próxima vez vendré
descalzo. Es bueno, masticador, carnoso, aunque lejos de mi ideal.
La sardina
con tapenade y puré de hinojo a la brasa se acerca a mi onda, notable.
Y excelente,
la terrina de lomo de conejo del Matarranya, ligeramente escabechado, con puré
de guisantes. Conejo en casa del gato. Tierno (“hecho con el Roner”), sin
rastro de la pérfida grasilla. Es casi imposible encontrar al primo de Bugs
Bunny en las casas afamadas. ¿Por qué los chefs ignoran al roedor? ¿Por
familiar y trivial?
Los dos postres son para jalear: el sándwich de queso de oveja texturizado y el mini coulant de avellana con helado de vainilla.
Los dos postres son para jalear: el sándwich de queso de oveja texturizado y el mini coulant de avellana con helado de vainilla.
La corrección es sencilla: ¡no es
necesario rematar con cebollino cada plato! Dicho esto, el gato, Pere y Jo
tendrán una próspera vida eco. Con eco. Buen restaurante, restaurante,
restaurante.
GAT
BLAU
Consell
de Cent, 139. Barcelona
T:
93.325.61.99
Menús
de noche: 21 y 28 € (sin vino).
Menú
de mediodía: 11,20 €.
PICA
PICA
Atención: a lo barato que se come a mediodía, incluso por 7,80 €.
Recomendable
para: los que sospechan de los transgénicos y otras pestes.
Que huyan: los que crean que el Km 0 es un camelo.































